«Ese tipo de pecado que se llama usura, y que tiene su lugar propio y particular en el acuerdo de préstamo, consiste en esto: alguien exige que del préstamo (que por su propia naturaleza sólo requiere que se devuelva lo que fue prestado) se le devuelva más de lo recibido; y, por lo tanto, pretende que, además del capital, se le deba una ganancia determinada, en razón del préstamo mismo. Por consiguiente, toda ganancia de este tipo que exceda el capital es ilícita y tiene carácter usurero». (Papa Benedicto XIV, Vix Pervenit).

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